Las emergencias pueden ocurrir en cualquier momento y afectar a una empresa, una familia y a toda una comunidad. Un sismo, un incendio o una persona que necesita primeros auxilios son solo algunos ejemplos de situaciones de emergencias que se pueden presentar en la vida diaria; este tipo de situaciones pueden generar confusión, miedo y pérdidas si no se cuenta con una preparación previa. Estar preparados no significa vivir con temor, sino reconocer que existen riesgos y tomar medidas sencillas para reducir sus consecuencias.
Colombia ha vivido situaciones que muestran claramente la importancia de la prevención. Un ejemplo es el terremoto de Armenia de 1999, que afectó principalmente al departamento del Quindío y dejó numerosas personas fallecidas, heridas y damnificadas, además de daños importantes en viviendas, edificios, vías y servicios públicos. Este desastre evidenció que la calidad de las construcciones, el conocimiento de las rutas de evacuación, la organización de los organismos de socorro y la preparación de la comunidad pueden marcar una diferencia entre una respuesta ordenada y una situación de mayor caos.
Otro caso fue la tragedia de Mocoa, Putumayo, ocurrida en 2017, cuando una avenida torrencial y varios deslizamientos afectaron la ciudad durante la noche. Muchas personas tuvieron poco tiempo para reaccionar. La experiencia demostró la necesidad de identificar zonas de riesgo, atender las alertas de las autoridades, conocer las rutas de evacuación y contar con sistemas de comunicación efectivos. También mostró que la preparación no depende únicamente de las empresas o del Gobierno: cada familia debe saber cómo actuar y dónde reunirse.
En el ámbito de los incendios, el incendio del edificio de Avianca en Bogotá, ocurrido en 1973, es un antecedente importante para reflexionar sobre la seguridad en edificaciones altas y lugares de trabajo. Este hecho dejó víctimas y puso en evidencia los riesgos asociados con la evacuación, el humo, las comunicaciones y el acceso de los bomberos. Más recientemente, los incendios forestales que han afectado distintas regiones del país, especialmente durante temporadas secas y fenómenos como El Niño, han demostrado que una emergencia puede extenderse rápidamente y afectar viviendas, vías, cultivos, servicios públicos y la calidad del aire.
Estos casos no deben recordarse solamente como hechos del pasado. También deben servir para revisar lo que se hace actualmente. En una empresa, la preparación para emergencias forma parte de la responsabilidad de proteger a las personas, las instalaciones y la continuidad de las actividades. Un plan de emergencia debe indicar qué hacer, quién debe actuar, cuáles son las rutas de evacuación, dónde se encuentran los equipos de seguridad y cómo se comunicará la información. También es importante realizar simulacros, revisar periódicamente los extintores, mantener libres las salidas y capacitar al personal en primeros auxilios básicos.
La preparación debe ser práctica y conocida por todos, no es suficiente con tener un documento guardado o en la nube; los trabajadores deben saber cómo responder ante este tipo de situaciones, estas amenazas tendrán una mayor o menor probabilidad de ocurrencia teniendo en cuenta su ubicación geográfica y quiénes son sus vecinos, y todo lo anterior debe estar reflejado en el documento de plan de emergencias de la empresa o en el plan de emergencias familiar en el hogar. En un sismo, por ejemplo, es recomendable conservar la calma, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, protegerse junto a una estructura segura y, cuando termine el movimiento, evacuar siguiendo las indicaciones establecidas, claramente esto tiene sus excepciones y cada caso se debe evaluar con criterio técnico especifico. No se deben utilizar ascensores ni regresar por objetos personales.
En el caso de un incendio, la prioridad es alertar a las personas, activar la alarma, llamar a los servicios de emergencia y evacuar por las rutas señaladas. Los extintores solo deben utilizarse cuando el fuego sea pequeño, exista una ruta de escape segura y la persona conozca su funcionamiento. Intentar combatir un incendio avanzado puede poner en riesgo la vida. Asimismo, es importante recordar que el humo puede ser tan peligroso como las llamas; por eso se recomienda desplazarse agachado y cubrir nariz y boca con un paño, si es posible.
Los primeros auxilios también son parte fundamental de la preparación de los brigadistas y el público en general, es importante tener claro que el mecanismo de actuación depende de la situación específica que se esté presentando, además que de la rapidez de una atención depende que se puedan mitigar las consecuencias o secuelas de una persona, sin contar que con un procedimiento a tiempo se puede llegar a salvar la vida de un compañero o un familiar.La preparación también debe formar parte de la vida diaria. En el hogar es recomendable contar con un botiquín, una linterna, baterías, agua, alimentos no perecederos, copias de documentos importantes, medicamentos básicos y una lista de teléfonos de emergencia. La familia puede acordar un punto de reunión y establecer cómo comunicarse si las líneas telefónicas se saturan. También conviene revisar las instalaciones eléctricas y de gas, identificar los riesgos de la vivienda y enseñar a los niños qué hacer sin asustarlos. Una emergencia puede afectar emocionalmente a las personas. Por esa razón, mantener la calma, hablar con claridad y ayudar a quienes estén más vulnerables como los niños, adultos mayores, personas con discapacidad o personas heridas es tan importante como conocer los procedimientos técnicos. La solidaridad y el trabajo en equipo permiten que la respuesta sea más rápida y ordenada.
La preparación empresarial y personal deben complementarse, una organización puede tener brigadas y equipos, pero cada trabajador también tiene la responsabilidad de conocer las instrucciones y actuar con prudencia. Del mismo modo, una familia puede contar con un plan, pero sus integrantes deben practicarlo para que la reacción no dependa únicamente de la improvisación. Los ejemplos de Armenia, Mocoa y los incendios ocurridos en el país muestran que las emergencias pueden presentarse de maneras diferentes y que, en muchos casos, el tiempo disponible para reaccionar es muy corto.
En conclusión, prepararse para un sismo, un incendio o una situación que requiera primeros auxilios es una inversión en seguridad y bienestar. La prevención disminuye riesgos, evita decisiones impulsivas y puede salvar vidas. La preparación no elimina por completo el peligro, pero sí aumenta la capacidad de responder, proteger a los demás y recuperar las actividades después de una emergencia. Convertir estas acciones en hábitos es una forma concreta de cuidar la vida, el trabajo y la comunidad.

